Las Memorias del |
Junto al progreso, nació el pueblo.A mediado de enero de 1943, movidos por la necesidad de hacer cosas en beneficio de la comunidad, nos reunimos varios vecinos para elaborar una nota dirigida al Gobernador del Territorio Nacional de Formosa, Sr. Federico Ovejero, solicitándole su intervención para poder ocupar los solares destinados a tales efectos y constituir el nuevo pueblo, tomando como base el plano correspondiente a la Sección II, porque nos hallábamos residiendo sobre la ribera del Bermejo en forma provisoria, sin ninguna seguridad ni respaldo legal que nos garantice la posesión del suelo, las mejoras y de los bienes conseguidos con trabajo y sacrificio. Además requeríamos la formación de una Comisión de Fomento para que guíe a la pequeña comunidad como una sociedad organizada, la creación del Juzgado de paz, ya que hasta ese momento debíamos efectuar cualquier trámite en Pirané, asimismo, le pedíamos que interceda con las autoridades de Educación para que construyan un edificio adecuado para la escuela Nº116. Al concluir la nota firmamos al pie y la enviamos deseando tener una respuesta que pudiera satisfacernos. Carta al sr. Gobernador de Formosa (20/01/1943) Partes1, 2, 3, 4. Meses más tarde, los funcionarios de Tierras Fiscales, enviaron al agrimensor Oscar Gigena Centeno quien debía efectuar la mensura correspondiente para delimitar el futuro asentamiento del pueblo. Los lotes que consideró para tal fin fueron los Nº 133 al 136, ocupados hasta entonces por agricultores. Como punto de partida para ubicar la parte céntrica tomó el camino que Vialidad Nacional había arreglado. A ambos lados distribuyó las manzanas consignando las reservas destinadas en el futuro para la edificación de la iglesia, la plaza, la escuela, el banco, la oficina de correos y telégrafos, el Hospital, la Comisaría, la Comisión de Fomento y el mercado. En la periferia ubicó las reservas para el matadero, el cementerio y el campo de deportes. También dejó lotes para quintas y la zona industrial. Plano de la mensura del pueblo, agrimensor Gigena Centeno. Una vez terminado el proyecto, invitó a los vecinos. Nos reunimos en su oficina improvisada. Claro está, fue todo el vecindario para verlo. Nos brindó todas las explicaciones relacionadas con el diseño propuesto y nos sugirió que plantáramos muchos árboles, pues el clima de esta zona es muy caluroso y agobiante. Realmente nos sentimos muy entusiasmados y asombrados, ya que poseía una visión futurista y progresista. La alegría y júbilo caracterizaron la reunión. ¡¡Que lindo iba a ser el futuro pueblo!! También nos hizo saber que era necesario asignarle un nombre. él consideraba justo colocarle "El Colorado" porque las aguas del río Bermejo eran de ese color y también porque lo solían llamar río Colorado. A nosotros nos pareció apropiada la sugerencia, quedando así el nuevo nombre del paraje. Dicho plano fue enviado a Formosa para su aprobación en julio. En el mes de setiembre de ese año el sr. Paulino González, a cargo de la Dirección de Tierras, conocedor de nuestra zona y de muchos vecinos del lugar, vino con una comisión para que otorgar las primeras solicitudes de posesión de tierras. La oficina fue instalada en el Destacamento de Policía donde cada vecino solicitaría su terreno. La noticia enseguida se difundió entre el vecindario. Lentamente se fueron acercando algunas personas para rellenar el formulario con la información correspondiente. Los lotes eran de 40 x 50 metros. Por la tarde, la situación fue diferente. Llegó un gran número de personas, lo que impidió que terminaran ese día el trabajo. Como durante el primer día de entrega de solicitudes, la demanda fue mayor a la supuesta y al siguiente día el número de interesados era elevado, los solares disminuyeron de dimensión, siendo desde entonces de 20x50 metros. La noticia había pasado los límites del paraje, venían personas de las colonias vecinas y comerciantes de otras localidades. Esto fue un avance muy importante en la posesión de la tierra, porque cada solicitante quedó con un comprobante que le garantizaba la adquisición de dicho terreno y le posibilitara la construcción de su nueva vivienda. Recibo de la mensura de quintas en el km 193 07/09/1943. Así pasó este hecho tan importante: la entrega de los solares y la formación del pueblo, donde cada vecino tenía sus sueños y proyectos personales. Sin embargo, la vida en el lugar continuó normalmente, mientras tanto en Formosa, las autoridades se interesaban cada vez más en "El Colorado". ¿Por qué?... Sencillamente los comentarios e informes realizados por los funcionarios que en diversas oportunidades estuvieron por aquí, demostraban la importancia de la zona y la ubicación estratégica que el pueblo tenía para el comercio y la producción. Además, el espíritu trabajador del vecindario que tantas veces se puso de manifiesto. Sin lugar a dudas, esas razones influyeron en beneficio de este lugar y de su gente. Inesperadamente varios pobladores recibimos la nota enviada por el Sr. Gobernador Interino de Formosa, Subinspector Enrique Carriego, comunicándonos la designación como miembros de la Comisión de Fomento que guiaría el destino institucional del pueblo, siendo en principio en carácter ad-honoren el desempeño de nuestras funciones. La misma tenía fecha del 17 de julio de 1943. Designación como miembro de la Primera Comisión de Fomento. Después de leerla con más tranquilidad, sentí en mi interior una mezcla de orgullo, valor y tesón por emprender la nueva función, pero también comprendía la gran responsabilidad que recaía sobre mis espaldas. Inmediatamente nos reunimos los futuros miembros de la comisión, pero como carecíamos de información adecuada para desempeñar las tareas y de un local donde pudiera funcionar, decidimos solicitar a las autoridades la orientación necesaria acerca de la estructura, la documentación a emplear y las funciones de cada miembro. El año iba terminando y nuevamente nos reunimos los integrantes convocados por la Gobernación de Formosa, para organizar la Comisión. En ella nombramos a los siguientes vecinos en los respectivos cargos de la Comisión de Fomento:
Asimismo nos propusimos encontrar un lugar donde instalar provisoriamente el local de la comuna y reiterar el pedido de la documentación y toda la información necesaria referentes a la organización y funcionamiento de la institución. Movilizados en el vecindario conseguimos una piecita ubicada a pocos metros de mi casa, su propietaria era doña Flora viuda de Prismenko, la cual nos alquilaba para que la comisión pudiera comenzar a trabajar. A principios del mes de enero de 1944, los integrantes de la comisión nos reunimos en el local. Establecimos realizar el acta correspondiente leyéndose la documentación, la información y los materiales remitidos por las autoridades de la Gobernación. Asimismo se nombró al sr. Dasso, hermano del Comisario local, para que se desempeñara como Inspector Recaudador ya que se carecía de fondos para solventar los gastos de la nueva institución y el estado no efectuó ningún aporte económico. Paulatinamente fue comunicándose a los vecinos la necesidad de contar con el respaldo económico para poder emprender tareas esenciales, ya sea en el orden administrativo como en el comunitario. Nada se podía hacer sin tener dinero, además el ciudadano no estaba acostumbrado a pagar impuestos. Por eso, decidimos aportar un fondo común para comprar materiales como sellos, talonarios, recibos, libros de actas, etc. Mientras tanto, el inspector recaudador hacía su tarea que no le resultaba fácil. Al mismo tiempo se comenzó la construcción del pequeño edificio de la comuna, en la manzana 23, tal como figuraba en el plano del pueblo. Personalmente me preocupaba mucho, ya que debía ordenar mi tiempo, pues la Estafeta estaba a mi cargo y también poseía la chacrita que me permitía contribuir en la canasta familiar. Todo requería esfuerzo y dedicación. Como yo, los demás miembros también tenían sus ocupaciones y responsabilidades que se superponían con este trabajo. No obstante, todos contábamos gran predisposición y ganas de trabajar. Entre tanto el tiempo fue pasando. El principal eje seguía siendo la agricultura en esta zona y la etapa de preparación del suelo se ponía en marcha. La mayoría de los colonos necesitábamos apoyo económico. Por eso, muchos se dirigían hasta la sucursal del Banco de la Nación
Argentina de El Zapallar, ya que dicha institución otorgaba créditos al hombre
de campo, tanto para la compra de semillas, para la adquisición de implementos
agrícolas o para la carpida, pues el campo era el
principal recurso del país y de él dependía su crecimiento. Inmediatamente el
banco tenía las solicitudes, enviaba La Comisión de Fomento tenía deseos de contribuir en el adelanto del lugar y cristalizar las inquietudes de cada vecino. Por ello, a pesar de carecer de recursos inmediatamente hizo abrir una calle, que ahora es la Sargento Cabral y Belgrano. Dicha calle se comunicaba con la ruta que iba a Villa 213. Además nombró una nueva comisión con carácter Ad-honoren para que recaude fondos para la construcción del edificio que sería destinado al Juzgado de Paz y a la Comisión de Fomento. El mismo se logró gracias a las donaciones recibidas por parte de dos vecinos y de los fondos recaudados en los bailes y fiestas que se realizaban. Se lo construyó en la esquina que ahora está dada por la A v. 25 de Mayo y la calle Tucumán. Constaba de dos piezas donde ambas instituciones desempeñaban sus funciones. Más tarde y gracias a los esfuerzos mancomunados se pudo construir el edificio destinado a la Comisión de Fomento donde actualmente funciona la Municipalidad. A mediados del mes de febrero, el Sr. Dasso debió viajar en forma urgente a Comandante Fontana donde tenía sus parientes, pues recibió la comunicación de un familiar gravemente enfermo. Con su inesperada partida, la Comisión quedó nuevamente desprovista de recaudador. Los días fueron transcurriendo y él no regresaba ni enviaba mensajes sobre su regreso. A causa de eso la Comisión volvió a reunirse decidiendo reestructurar la nómina y cubrir el cargo vacante. El sr. Saturnino Gómez pasó a ser tesorero y yo, a ser Inspector Recaudador. Desde los primeros días del mes de marzo inicié mi nueva tarea.
Todas las mañanas atendía en la oficina la venta de
patentes para toda clase de rodados, ya sea bicicleta, automóviles, carros,
camiones, sulkys, volantas, etc. Otorgaba el permiso de faenar a los carniceros
y realizaba la aclaración de cualquier consulta o duda que los vecinos
tuviesen sobre aranceles, impuestos, multas.
Certificación de servicios como Inspector Recaudador
Por la tarde salía a inspeccionar los medios de transportes que circulaban y determinar si estaban o no en regla. Los que no contaban con la patente se les aconsejaba que se acerquen a la oficina y abonen el importe correspondiente, de lo contrario sería multado. No era nada sencillo hacer entender al vecino que esa era mi función y su obligación era contribuir con la comuna. Pero aquí no terminaba mi tarea. También debía observar las edificaciones que empezaban a levantarse en el nuevo pueblo, cuidando que utilicen el terreno cedido por la Dirección de Tierras de manera que las manzanas puedan ser distribuidas como estaban fijadas en el plano. A la vez debía hacerme de tiempo para atender la Estafeta. Los envíos se efectuaban con más frecuencias y rapidez a través del colectivo, pues el vaporcito empezaba a tener un recorrido discontinuo y lento. Quizás empezaba a demostrarnos que el progreso en los medios de comunicación lo iban desplazando haciéndolo caer paulatinamente en el olvido. Desgraciadamente no lo notamos ni lo comprendimos, tampoco hicimos nada para salvarlo.
Juntos compartíamos largas horas de mate amargo, conversando sobre nuestros proyectos y haciendo planes sobre el bebé que estaba creciendo en su pequeño vientre. Los meses pasaban. Las casitas de materiales iban tomando forma. Por ello, las calles tenían que ser trazadas para que el pueblo tomara la forma del plano provisorio que proyecto el agrimensor Gigena Centeno. Otro gran problema se nos presentó. No poseíamos herramientas ni mano de obra que realizara el trabajo. Ante estas dificultades, la comisión se movilizó. Solicitó ayuda a la policía, quien solidariamente nos facilitó un arado y bueyes, y también a los vecinos que aportaron gentilmente sus carretillas, palas y demás herramientas que podían ser de utilidad. Al tener esos instrumentos de labranza, contrató a don Luis Giménez, quien se encargó del trabajo con algunos peones. No fue una simple tarea la de abrir las calles urbanas siguiendo la distribución que contemplaba el plano. Con mucha paciencia y cuidado se medía e iba colocando los mojones indicadores por donde se trazaría la senda como también el ancho que esta poseería. Los tramos señalados avanzaban con lentitud. Días después, se los veía empujando el arado que rompía la tierra de acuerdo con la señal indicadora, durante extensas e interminables horas. Cuando concluían de dar vuelta la tierra, se debía levantar el terraplén. Así que a fuerza de palas y carretillas se acumulaban montículos que los peones desparramaban tratando de emparejarlos. Con la ayuda de una rastra tirada también por animales se terminaba de dar
forma la calle y de nivelar el suelo. Así se comenzó a
dar forma al centro comunal.
A veces los domingos y especialmente durante las fechas patrias el pueblo
se reunía, porque organizaban interesantes partidos de fútbol en la
desmotadora. Pero nosotros preferíamos quedarnos en la casa.
El nuevo Juez de Paz y su familia quedaron completamente solos esperando que alguien viniera a recibirlos. Ante esta situación don Uliambre les dió hospedaje hasta que encontraran una casa. Ese día el vecindario estaba bastante desierto, pues la mayoría se había reunido en la canchita. Por lo tanto sería muy difícil hallar un lugar para alquilar. El 1 de junio de 1944, de acuerdo con la resolución Nº 2818 del Gobernador del Territorio Nacional de Formosa, Coronel retirado, Conrado Sgtyrle, del 19/04/44, comienza a funcionar el Juzgado de Paz y Registro Civil, realizándose por ello un pequeño acto de inauguración donde asistieron las autoridades de la comuna, de la policía, el director de la Escuela Nº116 y muchos vecinos. Así comenzó a funcionar en una de las piecitas de la comuna. Don Luis Navarro era un hombre recto y amable. Muy pronto nació entre su familia y la mía una agradable amistad. Con Ana coincidimos en cederle una piecita de material hasta tanto pudiera radicarse más cómodamente en este vecindario. Como la fecha de nacimiento del bebé se acercaba, Ana viajó a Formosa, donde tenía hermanos que la llevarían hasta el hospital y daría a luz con más seguridad. Aunque fingí tranquilidad en la despedida, en mi interior sabía que me embargaba una profunda preocupación. Ella era muy joven, era su primera experiencia como madre y yo sabía que a pesar de su temor de primeriza, poseía una gran fuerza y entereza de mujer. Así la ví partir en el colectivo de Giroldi y perderse entre las nubes de polvo por el camino de tierra. Aquí, quedé solo e intranquilo. Los días fueron pasando lentamente. Ninguna noticia tenía de ella. Agosto es un mes muy frío y siempre trae sus buenas heladas y bastante enfermedades como gripe y tos eso también me inquietaba. ¿Cómo estaría pasando Ana? ¿Qué le habrá dicho el médico? ¿Ya lo habrá tenido? ¿Será el varón que tanto me aseguraba poseerlo? ¡Tantas preguntas rondaban en mi mente! Inesperadamente estuvo de regreso. Ahí estaba ella llevando en brazos al pequeño totalmente abrigado, mientras un vecinito la ayudaba a trasladar sus bolsos. Con alegría nos reencontramos. Me contó que en el nacimiento no tuvo ninguna dificultad. Sus familiares la apoyaron en todo y la ayudaron muchísimo. El bebé había nacido el 26 de agosto. Al ir enterándose el vecindario de la llegada de Antonio, nuestro pequeño hijo, se acercaban y compartían nuestra felicidad, especialmente la viuda de Prijmenko, que era una mujer sola, muy amable, solidaria y que le agradaban los niños. Como nuestra relación con don Luis Navarro y doña Paquita, se hacía cada vez más estrecha, los elegimos como padrinos de bautismo del "Nene", nuestro pequeño hijo, que crecía sano y fuerte.
Personalmente el año 1946 tiene radical importancia puesto que comencé a levantar las paredes del futuro salón para festivales, bailes y actuaciones teatrales. Durante los primeros meses de ese año aun no se me había cruzado la idea de instalar un Cine sino simplemente a las actividades detalladas pero el local a pesar de no contar con techo era el centro de reunión del vecindario. En él siempre las comisiones del club independiente, del club 9 de julio, del club Juventud y de cooperadoras efectuaban las diversiones con el fin de juntar fondos para destinarlos en el adelanto del pueblo. Pero el 5 de octubre de 1946, el vecindario presenció la primera función de cine. Por supuesto las comodidades eran mínimas, los asientos eran tablones apoyados en cajones, pero todos hacíamos lo que estaba a nuestro alcance porque lo importante era dar un paso más hacia delante. Para la provisión de luz tenía un motor y un generador instalado en un galpón dentro de mi terreno ya que en esa época no contábamos con red de luz eléctrica. Por esa época los vecinos que formaban el pueblo fueron: Juan Martín, Nicodemo Radina, Saturnino Gómez, Flora viuda de Prijmenco, cuyas casas estaban sobre lo que ahora es la Av. San Martín, donde años antes, también yo me traslade. Además estaba la Sra. Benita viuda de Paton ubicada por la actual calle Buenos Aires. Como puede observarse eran pocas las casas que constituían el nuevo pueblo, porque la mayoría permanecía en la costa del río. En el año 1947 el Gobierno de la Nación destinado fondos para la construcción de escuelas, una de ellas fue ubicada en nuestro pueblo, su nombre fue "Escuela Nacional Nº 116 Doctor Luis María Drago". La edificación estuvo a cargo del Ing. Fuster. Gracias a sus esfuerzos y el de la gente que allí trabajó pudimos contar con una institución única, muy bien equipada, con una estructura admirable, porque en ella había baños instalados, aulas bien equipadas, nada comparable con el primer edificio sobre el margen del río Bermejo. Ya que este poseía sólo 2 aulas, una pieza para el maestro, una galería y un amplio patio. Sus paredes eran de barro y madera, de estanteo como se llamaba a tal construcción. El primer director de esa escuela fue el Sr. Juan Cruz Damedin. Luego vino su esposa María Teresa Garrido de Damedin y el maestro Sr. Ramón J. Ascurra. En el año 1944 vino la Srta. Amalia de la Rosa, maestra y directora de todos mis hijos en el futuro, y persona a quién debemos permanentemente agradecer todos los esfuerzos realizados, no sólo como docente sino como ser humano.
Por eso la escuela se halla en el lugar que todos conocemos, rodeada por las calles Sgto. Cabral, A v. San Martín y av. 25 de Mayo. El tinte trágico también estuvo presente en el transcurso de dichos años. El pueblo viejo era más numeroso que el nuevo. En este se había instalado la sra. Flora viuda de Prijmenco quién tenía una pequeña despensa y era una persona de unos 70 años. Esta vecina era muy buena. Recuerdo que a mi esposa siempre le enviaba tortas y otros platos muy ricos. Ella era extranjera y sabía cocinar muy bien, además como era viuda y no tenía hijos apreciaba muchísimo a mi hijo Antonio. Cierto día unos individuos mataron a esta pobre mujer con la culata de una escopeta, destrozándole la cabeza porque seguramente creían que tenía dinero. El hecho fue detectado al día siguiente por una vecina que halló a la mujer tendida en el suelo, boca abajo, cuyo cráneo aparecía bañado en sangre y tenía en una mano el candil y en la otra las monedas de 10 centavos que los asesinos le entregaron como pago de la mercadería comprada. Como no tenía hijos ni parientes, sus pertenencias las repartieron entre algunas personas. Así pasaron los años y la población fue aumentando. En el año 1947 la comisión de fomento cambió sus miembros. En una reunión con los vecinos se eligieron sus nuevos integrantes quedando como Presidente:
En esa época se encontraba como Comisario el Sr. Jorge Elordy, quien activamente trató de lograr un edificio para la Comisaria, para ello buscaba recursos en la gobernación, organizaba actividades y ocupaba a los detenidos como mano de obra. De esta manera consiguió construir el edificio que se encuentra actualmente en la costa del río Bermejo. Se lo edificó allí para que pudiera controlar el movimiento de vehículos y animales en el puerto. Con el transcurso del tiempo, el comisario Elordy, fue nombrado a ocupar un alto cargo en la gobernación de Formosa, siendo el Gobernador el Sr. Heterlendy. él, conocedor de las necesidades de esta comunidad y muy amigo de Don Mario Giroldi, consiguió para la Comisión de Fomento un lote de maquinarias. En esta ocasión, Don Giroldi, me envió a dicha ciudad a retirar una
motobomba, una rastra a discos, un camión semiremolque, un motor generador
marca G.M. Diesel Povel de 25Kw y otro generador naftero de 7Kw, un tractor
oruga y otras herramientas, que se encontraban en unos
galpones frente al Regimiento de Monte Nº29. La Comisión de Fomento en el año 1948 hace construir un galpón ubicado entre el edificio que ocupaba y esta institución y el del Juzgado de Paz, para destinarlo a la Usina Eléctrica ya que se habían realizado los tramites pidiendo nos otorguen los implementos para la instalación de tan imperioso adelanto. Como no había fondos para la compra de los cables y elementos necesarios para la red pública el presidente de la comisión el Sr. Mario Marino Giroldi solicita un crédito en el Banco de la Nación Argentina de El Zapallar, el cual fue otorgado por dicha institución. Al año siguiente se cubrió la deuda y se terminó la instalación de la red pública compuesta de 15 focos de alumbrado público y de 15 usuarios. La noche del 19 de octubre de 1946 fue la más hermosa de todas porque las pocas calles con que contábamos ya tenían iluminación y por que en cada hogar al menos una lámpara se podía tener. Y digo la más hermosa porque una vez más nuestro esfuerzo había triunfado sobre la adversidad de la vida y demostrado que el progreso avanzaba sin detenerse como testigo de nuestra profunda fe hacia este suelo que no es más que nuestro pequeño mundo. El Sr. Afredo Giroldi quedo a cargo de dicha usina y ese equipo electrógeno trabajó por muchos años soportando la carga de hasta 100 conexiones. Después de varios años de funcionamiento de dicha usina, se hizo cargo de ella el Sr. Andrés Yurca, quién además realizaba la reparación del motor.
Como debíamos conseguir dinero para tal fin, se organiza una comisión presidida por el Sr. Eugenio Alperin, que actualmente vive en Resistencia. Entonces se realizaron bailes y otras diversiones los sábados en el salón que yo les cedía gratuitamente. Pero más resonancia todavía dio a este inolvidable año el inicio de la construcción del tan añorado puente! Fueron siete largos y arduos años los que costaron para ver cristalizado este sueño de todos los vecinos.
Primero fabricaron un puente colgante con barandas de hierro, de modo que
contribuyera con los trabajos y al cruce de los peones y vecinos que
necesitaban hacerlo. Paralelamente armaron el
La construcción se hizo por tramos; por consiguiente llevó muchos años. Se prepararon las columnas. Cada una de ellas era hueca, de esqueleto de hierro y hormigón. Las introducían de a una a 18 metros debajo de la tierra.
Como ya teníamos comunicación con la provincia vecina, era necesario comunicarnos con la capital de la provincia a través de una ruta más corta, por eso la empresa Barbosa comenzó la construcción de la ruta Nº1 que nos unió con Villafañe en un trayecto de 35 km. En el año 1959 vinieron a nuestro pueblo el sr. Robinson Luis Miño y el sr. Pedro Morales. El motivo era la construcción de una escuela secundaria. ¡Quién no reflejaría en su rostro la alegría que esto provocaba! ¡Quién no sería capaz de tender su mano para que esta nueva inquietud se cristalizara y así poder gritar al viento el orgullo de ser integrante de este pedazo de suelo formoseño! ¡Quién no sería capaz de decir El Colorado y Progreso son una sola palabra que en su interior anida el arduo espíritu de trabajo que cada vecino lleva dentro de sí! Yo desempeñaba mis funciones en la Comisión de Fomento, por ello me correspondió mostrarles los solares dispuestos. Como el sr. Miño deseaba que el edificio estuviese ubicado al oeste del pueblo le comuniqué que sobre ese punto estaba la manzana Nº9 con dos solares desocupados. Al verlos, el señor Miño quedó muy contento, pues el lugar le agradó mucho.
Así comenzó nuestra Normal 1. Y digo así porque en ella se formaron y continúan haciéndolo mis hijos, como seguro estoy que también mis nietos pasaran por esas aulas hoy cambiadas por el constante progreso que día a día demuestran sus directivos pero que en el interior continúan siendo la humilde y sencilla escuela secundaria. Cabe destacar que en ella, nuestros hijos no sólo reciben un certificado que constata la cultura adquirida sino también es el estandarte de la dedicación, del respeto y el amor por la Patria.
Hoy, casi al culminar 1980, con 69 años me encuentro rodeado por una sólida familia y orgulloso de cada uno de mis seis hijos, porque no sólo son reflejo de mi sangre sino también de ese espíritu humilde y trabajador, producto heredado de mis antecesores. Orgulloso, además, porque siempre hay alguien deseoso por escuchar mis vivencias y mis experiencias en este bendito lugar e interesarse por la verdadera historia de nuestro pueblo, construida con sacrificio, dedicación y esfuerzo por cada uno de nosotros, los primeros pobladores. Historia que muchos la escribieron silenciosamente y anónimos por la grandeza de sus espíritus, pero que esperan que las nuevas generaciones nos imiten y contribuyan con el progreso de nuestro amado hogar, El Colorado. |
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Cada hoja de mis "Memorias" refleja mi vida y el origen de "El Colorado", cuna de mis sueños, de mis éxitos y de mis fracasos; porque como hombre, como ciudadano y como padre siempre traté de ser lo más justo y lo más correcto. Actitudes que no sólo forjaron mi personalidad, sino que constantemente guiaron mi conciencia cada vez que tuve que emprender una acción o tomar una decisión. Sólo deseo que al recorrer cada página, la imaginación recree cada rincón de este entrañable lugar que nos pertenece a cada uno de los habitantes y que es digno de hacerlo progresar día a día con esfuerzo, optimismo y dedicación. Cirilo Luis Pourcel |
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